ANDORRA

ANDORRA

Escudo de Andorra

Municipio de la provincia de Teruel situado en las estribaciones del Sistema Ibérico turolense. El pueblo reposa en la falda del monte de San Macario a 714m. de altitud.

Limita al Oeste con Alloza y Ariño, al Este con Alcañiz, al Norte con Albalate e Híjar, y al Sur con Alcorisa y los Olmos.

Su localización es privilegiada por su proximidad a algunos de los ejes más dinámicos de la economía española; Zaragoza (104 Km), Castellón (190 Km), Tarragona (200 Km), Barcelona (300 Km), y Teruel (148 Km).

Pertenece a la comarca Andorra-Sierra de Arcos y es su cabecera, cuenta con una población aproximada de 8.268 habitantes.

Asentada en la cuenca minera turolense, posee dos minas de lignito cuya explotación a mitad de siglo supuso una fuerte afluencia de inmigrantes, dando cobijo a gentes venidas de otras latitudes, enriqueciendo sus tradiciones de siempre con ricos matices de otros pueblos.

Como buen pueblo de la Ruta del Tambor y el bombo, cuando llega la Semana Santa la “puerta de los vientos” se abre al ruido y al bullicio de los tambores y bombos. La Semana Santa de Andorra marca diferencias por la riqueza y suntuosidad de sus pasos procesionales  y por el gran número de personas que  de una forma activa participan en esta manifestación cultural y religiosa.

En estos días, las gentes de Andorra se visten de túnica negra y ceñidor rojo sacando sus bombos y tambores preparados para uno de los momentos más emblemáticos de la Semana Santa, el momento de “Romper la Hora”, que interpretan como una protesta enérgica  por la pasión y muerte de Cristo. El Jueves Santo la cita es en la plaza del Regallo, a las 12 de la noche el silencio se funde en un estallido inmenso; miles de personas golpeando al unísono con mazas y palillos los tambores y bombos en un espectáculo sobrecogedor.

La madrugada del Viernes Santo los andorranos tiene una cita en la Ermita de San Macario. Largas líneas de tambores y bombos desfilan por el monte en busca de su Cristo, para orarle entre las luces de las antorchas y un silencio sepulcral,  reanudando después el estruendo.

El momento más emblemático es la procesión del Santo Entierro,  cuando al caer la noche, los tambores y bombos acompañan los pasos engalanados por las calles de la localidad en un acto que transcurre ante la contemplación maravillada de la gente.

Los tambores y bombos adquieren en estos días todo el protagonismo en una forma original e intimista de manifestar un sentimiento que se refleja en las localidades de la zona que forman “La Ruta”